Sin título (2)
Raúl Morales García | Martes 23 Febrero 2010

El árbol, mágicamente.
Suspendía en el vacío
manzanas de oro, sabía, raíces;
filamentos solares
aventaban tierra y piel,
concediendo a las sierpes su don,
su don al Príncipe:
el decir claridad de la herida,
sustento para vértebras
,
el desvelar de
sus ojos la luz.

Canta el jabalí que
En verdad se escuchó el grito
(desbandada de pájaros)
y ardió durante años la herida
con mi cuerno clavado al hueso,
lejos de cualquier retórica,
pero aprendiendo una lengua,
música en su garganta

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